Una comunidad artificial vegetal en Cuernavaca

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En el post anterior escribí sobre las mariposas visitantes a una comunidad vegetal artificial que sembré en Cuernavaca para atraer a polinizadores. Hoy hablaré sobre las especies que seleccioné y algunas observaciones sobre el proceso de establecimiento. Con esto espero darles algunas ideas para empezar sus propias comunidades artificiales.

En el proyectó contrasté dos mezclas de 13 especies vegetales cada uno, con algunas especies compartidas en ambos grupos. Todas las especies son mexicanas y perennes, viven por varios años. Algunas pueden tener temporadas de dormancia, pierden follaje y flores, pero regresan al siguiente año. Los principales criterios de selección fueron estructura, como en el caso de Stipa tenuissima y Russelia equisetiformis, forma, color y periodo de floración como,  Dahlia coccinea, Echinacea purpurea, Salvia coccinea Tagetes lucida. Mientras que otras especies como Asclepias curassavica, fueron seleccionadas específicamente por su relación con mariposas, y algunas especies por su forma de vida como las bulbosas Zephyrantes lindleyana y Tigrida pavonia.

El número de plantas por especies por metro cuadrado se hizo de acuerdo a su tamaño y a la dispersión de su semilla, pero algunas especies resultaron muy vigorosas y de muy alta dispersión como Asclepias  y Tagetes. Algunas especies no lograron sobrevivir la sequía y la competencia, un ejemplo fue Cuphea ignea  y otras no sobrevivieron a las hormigas. La comunidad necesita ajustes de especies y de densidades, sin embargo el propósito se cumplió.  Aves, mariposas y abejas visitaron las comunidades y  a los niños visitantes del parque también les gustó la variedad de color.

Los monocultivos florean sólo una temporada y dan un sólo tipo de polen y nectar, si queremos ciudades biodiversas, es necesario crear jardines con diversidad de flores, altura, olores y texturas, en dónde aves, abejas, mariposas y otros invertebrados puedan encontrar refugio y alimento variado dentro de nuestras ciudades. Tenemos que perder el miedo a mezclar plantas y a utilizar flores de colores brillantes. Dejemos atrás el jardín verde monocromático y empecemos a jugar con la gran diversidad de plantas nativas que tenemos en México.

Este proyecto no se hubiera podido hacer sin la generosa donación de bulbos del Centro de Investigación de Plantas Nativas de la UPAEP, el préstamo del espacio del Parque Ecológico San Miguel Acapantzingo en Cuernavaca y sus dedicados jardineros que me ayudaron a regar las plantas durante la sequía. La compra de varias semillas se hizo a Paraíso Colibrí a quienes pueden seguir en Facebook y buscarlos por /floresparacolibries/.

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